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¿CONOCIMIENTO O RECONOCIMIENTO?

03 de Agosto de 2015

 


Recuerdo que en el año de 1989 ya llevaba tres años "coyoteando" Bienes Raíces e increíblemente todo me había salido a pedir de boca, pues había vendido bien, sin problemas, y cobrando unas jugosas comisiones...

¿Suerte de principiante?

Para el caso y después de 29 años en el oficio, me gustaría (ergo) seguir siendo principiante, pues ahora con toda una colección de cursos, diplomados, certificaciones y hasta título y cédula profesional como comercializador inmobiliario, hay temporadas que no vendo lo que entonces vendía. Voy a echarle la culpa a la economía actual, pues es un argumento cómodo.

Y para seguir por la línea de la nostalgia debo platicarle querido(a) lector(a) que por los años 94`s tenía en la sala de juntas, colgada una colección de cuadros con todo tipo de cursos, diplomas, foros, membresías, etc. etc. hasta que llegué a la conclusión que ya tenía una inversión cuantiosa en marcos de madera, y además se me habían acabado las paredes de la sala de juntas. En otras palabras ya no veía para donde crecer mi egoteca.

Bastó que cambiara de oficina y entre la flojera de volverlos a colgar y de que era un poco más pequeña, simplemente ya dejé todos los cuadros en una caja.

Llegó el día que tuve que hacer mi trámite ante la SEP para la obtención de la cédula y título de Comercializador Inmobiliario, y me vi obligado a desenmarcarlos todos para sacarles una copia, pues era parte del famoso portafolio de evidencias que tenía que presentar ante la institución, y desde 2009 hasta el día de hoy, tengo una caja con los marcos, con los vidrios desmontados, pero sin los diplomas, y un sobre grueso guardado en un armario con todos los papeles incluyendo el título. No hay más egoteca y vi más sencillo relatar todo lo que he ido haciendo a través del tiempo en mi currículum dentro de mis portales de Internet. Si alguien se interesa en saber que sé, y cuanto sé, pues que ahí lo consulte.

Sin embargo y para regresar al año de 1989 tuvo que surgir un evento que me sacó de principiante, y en otras palabras es cuando se me acabó la suerte de que todo me salía bien sin saber nada de Bienes Raíces... es decir resistí tres años trabajando en la más pura ignorancia hasta que una venta firmada en contrato privado, se tuvo que cancelar porque el vendedor no quiso pagar el impuesto sobre la renta, porque yo no tuve el cuidado de calculárselo antes de que firmara... No sabe usted querido(a) lector(a) el enredo del cual gracias al pilón de suerte que traía como principiante, me permitió salir del conflicto, pero el hecho es que no hubo venta, hubo que regresar dinero, y cada cual para su casa. La vergüenza aún la sigo sintiendo, pero mi conclusión en ese momento fue...

¿Dónde puedo COMPRAR CONOCIMIENTOS para que no me vuelva a suceder?

Y fue entonces tal y como narro en uno de mis audio cursos, que gracias al hoy Notario Héctor Trejo Arias (234 en el DF) me brindó su asesoría durante más de dos años, todos los viernes de 6 a 9 de la noche por una iguala muy módica, pues todos los casos que se podía, los mandaba a la notaría del Dr. Jorge Domínguez Martínez, que era donde él trabajaba como su mano derecha, y quien fue otro gran personaje dentro de mi vida profesional. Nunca existió comisión alguna entre nosotros, lo que permitió una relación libre de conflicto de intereses, además de que resultó ser mi paso virtual y por un rato por una escuela de Derecho.

En esa época no tenía diplomas, ni nada que se le pareciera, pero mi hambre de conocer era casi gula, y creo que comencé a lograr el propósito a base de invertir tiempo y dinero. Al cabo de un par de años me sentí armado "hasta los dientes" y dejando a un lado la modestia, creo que me había vuelo bastante competitivo, permitiéndome armar las operaciones de una manera más segura, más rápida y más económica para las partes.

Con decirle querido(a) lector(a), que ya había diseñado mi propio programa para cálculo del impuesto sobre la renta en una computadora apple de esas de pantalla verde y que usaba dos discos flexibles... La verdad me interesaba "afilar el colmillo" y junto con Héctor Trejo armamos en la oficina un pequeño curso que duraba la friolera de 100 horas!!! y que es hoy la plataforma donde tengo diseñados todos mis cursos, además de las innumerables actualizaciones y novedades que todos ellos encierran.

Sin embargo y con toda mi egoteca publicada en Internet, todos los cursos que tengo (10 en audio y 4 presenciales) los clientes me dan su casa a vender por lo que escuchan de mí, y no por mi egoteca... hay a varios que les he "desenfundado" mi cédula profesional, y la casa ha terminado en manos del compadre de mi prospecto... y cuando se trata del comprador, el cliente llega a mi por la casa, y no por mi... y si la casa le interesa, lo que menos le interesa, es el corredor que se la muestra.

Concluyo querido(a) lector(a)... Para convencer a un prospecto o cliente de realizar una operación, no será por tener una certificación, o una cédula profesional, los cuales evidentemente no estorban, sino por la colección de conocimientos adquiridos, pues este individuo actuará por lo que escuche de usted, y no porque lo intente apantallar con varias decenas de cuadros colgados en la sala de juntas.

El cliente observará de usted sus conocimientos, y créame que no se fijará mucho en sus reconocimientos.

 

Claudio Márquez Passy

 

 

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